El mundo, un terreno para la experimentación
Entre muchas otras cosas, el mundo es una buena vía para afinar el complejo cuerpo-mente. Sólo desde nuestra experiencia cotidiana podemos comprobar hasta qué punto necesitamos afinar el instrumento de que disponemos para traspasar el velo de la ignorancia.

En general, los seres humanos siempre queremos cambios en nuestra vida: otro lugar para vivir, amigos, un trabajo diferente, etcétera, pero no nos damos cuenta de que el origen de toda infelicidad lo llevamos encima. Descubrir la desarmonía que tenemos dentro no es tarea fácil, y el mejor modo de hacerlo es viviendo situaciones difíciles que representen un desafío, situaciones que nos empujen a enfrentarnos con nuestra mente, a cambiar patrones caducados y a buscar respuestas inteligentes. Sin esto no podremos avanzar en la práctica, porque son estos mismos samskaras* de los que huimos los que bloquean nuestro camino.

Cuando la gente va a la India en busca de asramas* y maestros espirituales lo hace con la idea de que encontrará un lugar perfecto, tranquilo, lleno de pájaros y pavos reales, aguas cristalinas, cervatillos y, si puede ser, hasta el mismísimo Shiva o alguien muy parecido sentado bajo un bonito árbol, absorto en la contemplación de tanta belleza y en profunda meditación. Sin embargo, para decepción suya, pocas cosas están tán lejos de la realidad. Los ashrams no ofrecen a sus habitantes ni visitantes un lugar de retiro para que puedan pasarse el entre sus ensoñaciones de utopía y meditación, sino que, en general, son sitios llenos de actividad, donde uno se ve empujado a confrontarse consigo mismo continuamente. En el Ashtavakar Gita se dice «El iluminado no busca el bosque ni huye de las aglomeraciones. En todo lugar y en toda circunstancia, se mantiene en equilibrio» (18:10).

Fundamentos del karma yoga
Uno de los principios importantes del karma yoga es no negar el mundo material, sino, partiendo de la base que vivimos en este mundo, relacionarnos con todo lo que nos rodea de manera constructiva. Tenemos que ser capaces de romper la esclavitud, trascenderla y alcanzar la libertad verdadera: el conocimiento. Y esto, evidentemente, no se hace negando nuestro mundo sino involucrándonos completamente en él, con plena consciencia. La meta es llegar a ser libres en el sentido amplio de la palabra; pero no es posible ser totalmente libre sin conocer, confrontar, usar y finalmente trascender las limitaciones del mundo. Éste es el propósito y la dimensión del karma yoga. Hemos de llegar a entender y experimentar plenamente el mundo, pues cuando seamos capaces de hacerlo podremos trascenderlo para alcanzar la libertad.

Uno de los preceptos básicos de karma yoga es el despego al fruto de nuestras acciones, y esto conlleva trabajar sin la noción del yo o ego. Sólo si aplicamos este concepto básico nos abriremos a la posibilidad de una expansión de consciencia. Al principio tal vez sean períodos cortos de consciencia intensificada, pero si perseveramos, se darán cada vez con más frecuencia y durante más tiempo, hasta que llegarán a predominar en el quehacer diario. Pero, ¡cuidado! no se trata de acabar con el ego, pues éste nos resulta absolutamente necesario para la sincronización y el buen funcionamiento del complejo mente-cuerpo; se trata de deshacerse de la identificación con él y reducir su expresión en nuestra personalidad.

Siempre se ha dicho que el apego trae miseria y dolor, y el despego, armonía y contento. Pues bien, ¡experiméntelo! ¡Intente cambiar su actitud y llevar ese despego hacia todos los aspectos de la vida! Es sólo un método, pero de él vendrán la relajación y una consciencia elevada. Y además, así daremos paso al amor, pero no a nuestro amor condicionado sino al compasivo, al que puede sentir el dolor ajeno. Esto llega del mismo modo que la noche sigue al día; surgirá del entendimiento de la relación profunda y escondida entre todo lo que existe.

La entrega de nuestras acciones a algo ajeno al ego se considera tradicionalmente del dominio de bhakti yoga*. Es una herramienta poderosa de trabajo, pero es apta para aquellos que, hasta cierto punto, tienen las emociones trabajadas. Sin embargo, si no es éste el caso, como en la mayoría de nosotros, el yoga sugiere desarrollar la presencia del testigo, que no significa otra cosa que ser consciente de cada una de las acciones del día, observar toda acción física y mental, y también toda reacción, con una actitud de mero observador, sin involucrarse. Ésta es una estupenda forma de entrenarnos para la disolución del ego.

 

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